Con sus 3.343 m de altura, la Marmolada es la Reina indiscutible de los Dolomitas. Aquí, en verano, los senderos de la Primera Guerra Mundial y las vías ferratas transmiten el origen de paisajes y recuerdos estrechamente ligados a la historia europea. El teleférico lleva hasta Punta Rocca, donde la terraza panorámica parece haber quedado suspendida en el aire, regalando una vista única sobre el glaciar y las paredes verticales; este es el punto de partida de la legendaria pista La Bellunese, 12 km de descenso constante hasta el Valle de Fodom.
Conforme se va bajando, el paisaje se abre y aparece el Castillo de Andraz, antigua fortaleza del siglo XI, base estratégica en las vías de tránsito que hoy ilustra el pasado militar y administrativo de estas tierras. Alrededor del castillo se extiende el valle, que en ladino es conocido como Fodom: esta comunidad todavía conserva su lengua, sus leyendas y sus tradiciones.
Colle Santa Lucia se presenta enmarcada en su altar panorámico, con el perfil del Monte Civetta al fondo, mientras que Livinallongo del Col di Lana conserva el recuerdo de una montaña convertida en símbolo de la Primera Guerra Mundial.
En el centro del valle se abre Arabba, el corazón deportivo de la zona. En invierno es una de las capitales del esquí: las pistas que bajan desde la estación de Porta Vescovo están comunicadas con el circuito de Sellaronda y la Marmolada, por lo que ofrecen la posibilidad de realizar bajadas técnicas y disfrutar de vistas espectaculares. En verano, la misma montaña se convierte en el punto de partida para excursiones, senderismo y rutas en bicicleta que llegan hasta los grandes pasos de montaña de los Dolomitas: Pordoi, Campolongo y Falzarego, lugares que siempre han sido un sueño para viajeros y deportistas.