La instalación Nabatele, una sinagoga flotante realizada por la artista y arquitecta Anna Kamyshan, será presentada por primera vez en Venecia, como Evento Colateral de la 61. Exposición Internacional de Arte — La Bienal de Venecia. La instalación está comisariada por Maria Veits y Yevgeniy Fiks y es organizada por el Museo Judío de Montreal.
Sobre una enorme roca suspendida en el aire, expuesta a las fuerzas de la naturaleza, una sinagoga flotante se eleva sobre Venecia. Los visitantes de la Bienal Arte 2026 podrán observar, día y noche, este símbolo de luz eterna en el cielo brillar sobre el Arsenale. Las sinagogas venecianas del siglo XVI estaban confinadas a los pisos superiores de los edificios, donde permanecían discretas e invisibles. También Nabatele se sitúa en alto, pero, a diferencia de esos lugares de culto del pasado, es un templo que se eleva en la luz, accesible a los ojos de todos.
La instalación recuerda el cuadro El castillo de los Pirineos (1959) de René Magritte, en el que una gigantesca piedra, coronada por un castillo, levita sobre las olas en tempestad, imagen a menudo interpretada como símbolo de una esperanza desatada y de una salvaguarda resiliente. De igual manera, Nabatele (una palabra yiddishizada de origen eslavo y semítico, que significa “llamar la atención” o “alarma en momentos de peligro”) responde a la actual incertidumbre global, marcada por conflictos y divisiones, en la que la errancia se convierte a veces en el refugio más seguro.
Símbolo de solidez inefable, Nabatele es un templo accesible a la mirada de todos. La obra consiste en un aerostato de doble membrana lleno de helio, que se eleva hasta veinticinco metros sobre la superficie del agua. La parte superior, la sinagoga suspendida, conserva la presencia y las características de una arquitectura real, evocando un lugar de oración concreto pero trasladado en el aire. Bajo ella, la roca flotante guarda raíces y fragmentos de piedra, simulacros de una tierra de pertenencia.