La tercera edición de la muestra Rastros de follaje está dedicada a los sentidos del otoño. Después de los colores y los sabores, la paleta de las hojas de otoño se conecta con las nítidas sensaciones que podemos experimentar en la naturaleza. El territorio bellunés es un anfiteatro perfecto, que acoge y permite experiencias de diversos géneros.
Las protagonistas son las hojas, que adquieren los colores del amarillo, del rojo, del marrón, junto a la magia del Sol que roza las cimas de las Prealpes Bellunesas con sus rayos alargados, al viento que colorea los labios y enrojece las mejillas, a la niebla que suaviza los paisajes impresionantes del territorio.
El follaje no es solo belleza para observar, sino experiencia para vivir plenamente, con todos los sentidos. El olfato se despierta entre el musgo, la corteza húmeda, los frutos maduros. El gusto se convierte en protagonista, a través de lo que la naturaleza ofrece: manzanas dulces y crujientes, sabores intensos y envolventes que cuentan el paisaje.
El follaje es también hogar de la biodiversidad: plantas, esencias, formas de vida que pueblan el sotobosque y que a menudo pasan desapercibidas, pero que son esenciales para el equilibrio del todo. Y luego está la música del bosque, que no necesita instrumentos para existir: ramas que se rozan, agua que corre, pasos lentos de quienes caminan para escuchar. Es una melodía hecha de emociones, capaz de tocar cuerdas profundas.
Rastros de Follaje se convierte así en una invitación a desacelerar, a sentir, a percibir. A dejarse llevar y conectarse con la naturaleza, con el territorio, consigo mismo.