Durante siglos, esta legumbre fue el alimento principal de las clases pobres en alternativa a la carne; sin embargo, en las últimas décadas ha sido redescubierta como ingrediente de platos importantes, símbolo de la tradición y tipicidad local.
Su difusión en la zona montana véneta se debe a la sensibilidad del humanista Giovan Pietro dalle Fosse, más conocido por el nombre académico de Piero Valeriano, funcionario en la corte papal de Clemente VII, en Roma. Precisamente el Papa, en 1532, le obsequió las preciosas simientes encomendándole difundirlas en la tierra natal, cosa que Valeriano hizo con entusiasmo; cultivó las plantas en sus propiedades de Castionese, en Belluno, que demostraron ser particularmente idóneas a la nueva especie.
La planta se difundió bastante rápido en todo el valle y en Feltrino, encontrando también en las zonas de Lamon y Sovramonte el ambiente ideal para hacer obtener un producto de máxima calidad, a tal punto que, sucesivamente, se identificó una variedad Borlotta con el nombre del pueblo: Lamon.
Sobre esa altiplanicie las condiciones climáticas favorecieron con el tiempo la verificación de una selección espontánea de judía, caracterizadas en cuatro variedades: Spagnol, Spagnolet, Calonega y Canalino.
Fue así cómo los habitantes de Lamon consideraron a las judías una verdadera providencia e ingresó, inevitablemente, en la gastronomía popular junto a la carne de oveja ahumada, vinculada a otra actividad prevalente de la altiplanicie, la ganadería. La judía de Lamon obtuvo en 1996 el reconocimiento I.G.P. (Indicación geográfica Protegida), confirmando la aptitud de la zona y la tipicidad del producto.