El escenario del Teatro Romano acoge, en el marco del Festival Shakespeare, una nueva edición del espectáculo de culto que consagró el genio desenfrenado de Filippo Timi.
Una puesta en escena que reinterpreta al Bardo de forma explosiva, en la que cada gesto y cada sílaba se convierten en juego, voz íntima y provocación intelectual.
Timi trastoca el texto sagrado de Shakespeare, volcando sus pasiones y arquetipos en una jaula de circo eléctrica, escenario de un elogio de la locura sin precedentes.
Es un Hamlet desconcertante: cómico, furioso, violentamente colorido.
La tragedia se transforma en comedia: el Hamlet de Timi es un príncipe aburrido, un héroe cansado que se niega a interpretar la habitual y monótona partitura familiar; ya no quiere amar a Ofelia, ya no quiere vengarse, ya no quiere ser. Mientras voces en off le llaman en vano a un destino ya escrito, a su alrededor orbitan criaturas nacidas de su mente inestable.
Paradójicamente, es precisamente la ironía martilleante y corrosiva la que levanta el velo: al destruir la trama, esculpe el dolor de los personajes con precisión quirúrgica. Lo que estalla en el escenario es una locura salvaje, pero milagrosamente sana y vital, la única respuesta auténtica ante la atroz conciencia de la vanidad del mundo. Un teatro de valentía y honestidad, que indaga en los misterios shakespearianos para ofrecernos un «Hamlet al cuadrado», rebosante de forma, contenido y genio. Una experiencia total que promete y cumple la conmoción de la belleza.