El cuerpo, representado con estilo personal, es protagonista en las figuras desnudas de Gustav Klimt, refinadas, seductoras e inquietas intérpretes de las reflexiones de principios del siglo XX entre arte, psicología y literatura. Y aún más, el cuerpo despojado de hombres y mujeres, que se convierten casi en maniquíes deshumanizados, está en el centro de las obras de Egon Schiele, en las cuales emerge con fuerza la relación con el naciente psicoanálisis. A los dos maestros de la Secesión de Viena se suma el genio fantástico de Oskar Kokoschka que, con una pintura vibrante y expresionista, narra las inquietudes de una época que llegó a las puertas de la Primera Guerra Mundial.
El tema del cuerpo como representación y símbolo, ligado a la carne y la psique, no se apaga, sino que regresa con fuerza en el período entre las dos guerras, entre censura y felices expresiones de libertad, para luego volver a ser central en la reflexión contemporánea.
Un hilo rojo conecta la filosofía, el psicoanálisis, la antropología, la literatura y las artes visuales que se desarrollaron en Austria y, sobre todo, en Viena a principios del siglo XX (esa ciudad que Karl Kraus definió como “laboratorio para el fin del mundo”) con las revoluciones de los años sesenta y setenta, que sentaron las bases de nuestro presente.
El arte de ruptura y contestación, desde el Nouveau réalisme, al Arte Conceptual, hasta el Body art y las performance, ha recuperado la centralidad del cuerpo extrayendo nueva savia de la lección, brillante y trágica a la vez, de la Viena fin de siècle.
En el arte contemporáneo, el cuerpo emerge como campo de batalla por excelencia: desde las irónicas Esculturas vivientes de Piero Manzoni, hasta las místicas Antropometrías de Yves Klein.
El cuerpo se convierte en instrumento del arte y también se convierte en mensaje político en las obras de geniales intérpretes del Body Art como Ana Mendieta y Gina Pane. La piel, la carne, el sexo y la fisicalidad se convierten en los medios perfectos para expresar nuevas inquietudes, que son colectivas, como la lucha contra el conformismo social, y a la vez individuales, dictadas por el deseo profundo de ser vistos y de ser amados.