Las cumbres de Le Tre Cime de Lavaredo son el símbolo universal de los Dolomitas: tres torres de roca que se elevan cual centinelas del paisaje y que parecen esculpidas. Subir a este lugar, siguiendo senderos que serpentean entre desfiladeros y refugios, significa entrar en una dimensión que combina naturaleza y memoria, entre trincheras de la Gran Guerra y vistas que dejan al visitante sin aliento.
En los márgenes de Le Tre Cime se encuentran dos espejos de agua icónicos: el lago de Misurina, el más grande de los Dolomitas, y el lago de Antorno, de dimensiones más contenidas. Ambos ofrecen escenarios únicos, con aguas que reflejan los picos y bosques, creando distintos ambientes en cada estación.
No muy lejos de allí, Auronzo di Cadore combina deporte y tradición: en invierno, las pistas del Monte Agudo ofrecen bajadas soleadas; en verano, el lago artificial se convierte en el escenario de excursiones, paseos en bicicleta por los Dolomitas y días a bordo de un barco.
Más al norte, en la frontera con Austria, el Val Comelico es un valle aislado y auténtico, lejos de los circuitos más concurridos de los Dolomitas. Su corazón es Padola, con pistas de esquí soleadas y aptas para familias, y un sinfín de rutas para recorrer con raquetas de nieve, entre bosques tranquilos y vistas panorámicas de paisajes intactos. En verano, los senderos y las bicicletas eléctricas permiten conocer nuevas perspectivas entre cabañas alpinas y pastos. Pero el Val Comelico no es solo naturaleza: también es una centro de referencia de la cultura ladina, que pervive en una lengua que se habla a diario, en las fiestas populares y en la arquitectura de madera y piedra, todas ellas testigo de una profunda conexión con la montaña.
El viaje termina en Cadore, una amplia y variada comunidad de montaña que combina naturaleza, arte y cultura. Pieve di Cadore alberga la casa natal de Tiziano Vecellio, uno de los genios del Renacimiento, mientras que los pueblos de los alrededores ilustran la historia de un territorio que ha sabido vivir de la madera, la artesanía y el comercio. El lago de Centro Cadore refleja paisajes que cambian con las estaciones, invitando a descubrir la montaña hasta sus aspectos más íntimos y cotidianos. Una zona que no solo es la puerta de entrada a los Dolomitas, sino también el centro neurálgico de su historia y tradiciones.