En el territorio del Lago de Garda, donde las colinas descienden dulcemente sobre el lago y saben transformarse en montaña propiamente dicha en el lapso de pocos kilómetros, predomina el binomio agrario olivo-vid, que se alterna con los prados. Resulta evidente el rol que desempeña el olivo, sempervirente, como natural ornamento del marco lacustre.
Este paisaje no es nuevo, si se considera que ya en época romana se había desarrollado un floreciente y apreciado cultivo de aceite en la zona del Benaco. En las épocas históricas sucesivas, la planta siempre fue tenida en gran consideración y se procedió a la formación de idóneas terrazas y abancalamientos para un cultivo más conveniente y rentable.
El Garda D.O.P. es un aceite de oliva extra virgen que presenta un aroma frutado ligero o intermedio, que se diferencia por la multiplicidad de matices olfativos que logra mostrar (alcachofa, hierba apenas cortada, hojas, heno, hierbas aromáticas, flores, pimiento verde, etc.) según la subzona de proveniencia y el grado de maduración de las aceitunas.
Casi siempre está presente, al olfato y al gusto, una nota intensa y persistente de almendra dulce y fresca; el sabor amargo y picante apenas se insinúa y se mantiene en equilibrio con la dulzura global, redondez y suavidad al paladar; la persistencia retro-olfativa es buena. Se recomienda su combinación, especialmente en curdo y en fina cocción, con alimentos de sabor y perfume delicado.
El cultivo de la aceituna sobre el lago de Garda puede parecer una paradoja agrícola, puesto que los olivos crecen en una zona mucho más al norte respecto de los valores climáticos del área dedicada a la agricultura mediterránea. El aceite producido, quizás también por esto, tiene una personalidad bien definida que lo hace particularmente apetecible para el consumidor.