Riviera del Brenta: Padua - Venecia

La Riviera del Brenta es un paisaje histórico único: el canal navegable que la atraviesa ha sido durante muchos siglos la principal conexión entre la laguna y las tierras de Venecia. La ruta sigue ciclovías y carreteras secundarias y atraviesa los pueblos costeros de Stra, Dolo, Mira y los campos circundantes, salpicados de villas del Véneto.

Para comprender el espíritu auténtico que anima la ciudad del Santo, —ahora declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO por los ciclos pictóricos del siglo XIV—, hay que pasear entre los puestos del antiguo mercado hortofrutícola de Piazza delle Erbe y Piazza della Frutta, entrar en el palacio del Bo, sede de la antigua Universidad, visitar la Basílica de Sant”Antonio y no olvidar admirar los frescos de Giotto en la Capilla de los Scrovegni.

Saliendo de nuevo en dirección a Venecia, se cruza el barrio universitario de Portello, con la monumental Porta Ognissanti, y se continúa por el canal Piovego primero y después por el canal del Brenta. Estos cursos de agua medievales garantizaron durante siglos la comunicación entre Padua y Venecia, a través de la célebre Riviera del Brenta. El interés histórico cultural de esta zona radica en la notable concentración de villas del Véneto que influyeron en el desarrollo de los núcleos ribereños de Stra, Fiesso, Dolo y Mira. La belleza de la arquitectura veneciana se aprecia no solo en los numerosos edificios nobles, sino también en las casas rústicas y en las antiguas casas ribereñas que se asoman al plácido curso del canal. Entre las muchas embarcaciones que antaño surcaban las aguas del canal del Brenta, destacaba el Burchiello, una embarcación de fondo plano con una elegante cabaña finamente decorada que utilizaban principalmente los nobles venecianos. Con la bicicleta es posible recorrer las mismas rutas y admirar los mismos paisajes que asombraban a los viajeros en los siglos pasados: Villa Pisani en Stra, los bellos centros de Dolo y de Mira y la Villa Foscari, llamada «La Malcontenta», cumbre de la arquitectura palladiana.

Poco despues se llega a Mestre; se recomienda dejar la bicicleta en un aparcamiento vigilado junto a la estación y llegar a Venecia en tren o autobús. La ciudad de la laguna, entre sus peculiaridades que la hacen única en el mundo, también cuenta con la de no permitir el uso de la bicicleta entre sus callejuelas y plazoletas. Venecia constituye el final más gratificante para este viaje con sabor artístico y arquitectónico.

A la salida de Padua, la ruta sigue el terraplén de los canales, primero por carriles bici de tierra y luego por carreteras con poco tráfico y firme asfaltado. La señalización turística lleva el código I1.

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Ciclisti fermi lungo la Riviera del Brenta osservano il passaggio di varie imbarcazioni
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